Sabático

Operadora del 911: 911, ¿cuál es su emergencia?

Arturo: Hola… estoy de año sabático.

Operadora: ¿Hay alguien con usted?

Arturo: ¿Mi gata Cuchi cuenta?

Operadora: No, me temo que no. Me refiero a un humano.

Arturo: No, no hay nadie conmigo.

Operadora: ¿Quiere decir que vive solo? Es decir, ¿no vive con su esposa, hijos, hermanos, tíos, otros parientes?

Arturo: No estoy seguro.

Operadora: Está bien. Le voy a pedir que en ningún momento cuelgue, que siga conmigo hasta que llegue el EEES (*) que ya va en camino a su casa.

Arturo: Bien.

Operadora: ¿Me podría dar su nombre, por favor?

Arturo: Arturo.

Operadora: Muy bien, Arturo. ¿Recuerda bajo qué modalidad solicitó su año sabático?

Arturo: No estoy seguro.

Operadora: Mire, a veces se solicita para hacer estudios de posgrado o para realizar una estancia de investigación en una universidad del país o del extranjero. ¿Le suena familiar esto?

Arturo: No, me temo que no.

Operadora: Entonces es muy probable que su sabático sea para escribir un libro.

Arturo: Tengo recuerdos vagos de algo así.

Operadora: No se preocupe, Arturo. Creo que nos estamos acercando. ¿Podría decirme qué estaba haciendo antes de llamar al 911?

Arturo: Veía algo en la computadora. Primero un documental sobre suricatas. Mmm… después algo sobre el bosón de Higgs, que explica la masa de las partículas elementales. Ya sabe, el Gran Colisionador de Hadrones en Ginebra.

Operadora: Sí, estoy al tanto de los avances de la teoría cuántica. Sobre todo del proceso mediante el cual los bosones vectoriales pueden obtener masa invariante sin romper explícitamente la invariancia de gauge, dentro de un modelo relativista.

Arturo: Bueno… y luego, usted sabe… eso me condujo a ver otros videos… ya ve cómo una cosa conduce a otra…

Operadora: ¿Por cuánto tiempo ha estado viendo pornografía?

Arturo: No estoy seguro. Quizá un par de horas… o días. Pero no puedo asegurarle nada… quizá una semana…

Operadora: No se preocupe, Arturo, es normal en estos casos. Recuerde que nuestro EEES ya está en camino y que llegará en cualquier momento.

Arturo: Gracias señorita… señora…

Operadora: Hemos hecho ya importantes avances, Arturo. Hemos establecido que su sabático es para escribir un libro. ¿Puede decirme si recuerda haber escrito algo? ¿Hay papeles en su escritorio que le den alguna pista sobre lo que está escribiendo?

Arturo: Déjeme ver… (pausa) Entre los papeles veo uno en el que se puede leer “Guión”.

Operadora: ¡Excelente! Es un hallazgo muy importante. Ahora, Arturo, ¿puede leer algo más después de la palabra “Guión”?

Arturo: Sí, lo que veo está escrito en forma de lista: “Introducción”, “Desarrollo” y “Conclusiones”.

Operadora: ¿Eso es todo? No hay nada más que nos pueda proporcionar información acerca de los contenidos de esos capítulos?

Arturo: Me temo que no. El resto de los papeles son cuentas por pagar que se han acumulado sobre mi escritorio… luz, agua, cable, tarjetas de crédito… No hay nada más.

Operadora: No se preocupe, Arturo. Me informa el EEES que ya está frente a la casa de usted. Todo lo que tiene que hacer es abrir la puerta para que entren. Ellos se encargarán de todo: desde hacerle recordar el tema sobre el que tiene que escribir, hasta cómo se llenan esos absurdos reportes bimestrales de su año sabático.

Arturo: Muchas gracias señorita… señora.

Operadora: Hasta aquí llega mi labor Arturo. Ha sido un placer conversar con usted. Le deseo un feliz y agradable año sabático.

Arturo: Gracias de nuevo señorita… señora.

 

(*)  EEES: Equipo de Emergencia para Extravíos Sabáticos.

Nota: Esta entrada fue inspirada por el divertido artículo de Colin Nissan “I Work from Home”, aparecido en The New Yorker digital del 2 de febrero de 2017.

Bicicletas

De los regalos que recibí durante mi infancia, recuerdo tres con especial gusto: un juego de sheriff, un patín del diablo y mi primera bicicleta. El primero consistía en dos pistolas, varias tiras de chinampines(as), un cinturón con un par de fundas y, lo mejor, una placa plateada de plástico que me daba la autoridad correspondiente para imponer el orden en el barrio. Durante las vacaciones, el uso de la bici rayaba en la obsesión. Antes de acostarme, la estacionaba junto a la cama para que al día siguiente estuviera a la mano para subirme a ella y salir lo más temprano posible en la mañana. Está de más decir que pasaba muchas horas al día con ella… hasta que entraron en escena los patines.

Bicicleta que no va a ninguna parte.

Bicicleta que no va a ninguna parte© Arturo Guillaumin T. / 2016.

Bici con flores.

Bici con flores. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Bicicleta blanca.

Aventurera blanca. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

¿A quién no le gustan las bicicletas? Es un artefacto muy versátil y lo podemos ver como juguete, para hacer deporte, como medio de transporte y de trabajo, e incluso como un objeto bello y simple (aunque hoy se tengan materiales como la fibra de carbono y algunas partes computarizadas). En varios sentidos se le ve hoy como símbolo de la protección ambiental, una vida saludable, la humanización de las ciudades y la sustentabilidad. Después de todo, de tantos deslumbrantes adelantos tecnológicos durante los últimos 200 años, quizá constituya una de las invenciones modernas más importantes para la humanidad. Quiero pensar, al igual que un creciente numero de personas, que constituye una de las claves para un futuro mejor, a pesar de su sencillez de formas y diseño básico.

bicicleta-con-angelBicicleta con ángel de la guarda. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Bicicleta todo-terreno.

Bicicleta todo-terreno. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Dos bicicletas en blanco y negro.

Dos bicicletas en blanco y negro. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Bicicleta verde con flores.

Bicicleta verde con flores. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

A los autos se les clasifica como “transporte personal”, debido a que un individuo los posee y controla y generalmente lleva a un ocupante o a un número pequeño de pasajeros ocasionales. Las bicicletas son también un transporte personal, pero son impulsadas por la energía humana (que a final de cuentas es de flujo) y no por la liberada por los hidrocarburos. El mundo tiene más de 1 000 millones de bicicletas y duplica el número de autos y, desde la década de los 1970, su producción sobrepasa a la de los autos. Las cifras son alentadoras pero un poco engañosas: las bicicletas pesan aproximadamente una centésima del peso de los autos. Así que en términos de los materiales utilizados en su construcción, un auto representa una relación de 100 a 1 respecto a la bici.

Bici con hombre sentado.

Bicicleta con hombre sentado y crepas de autor. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Bicicleta, restaurant y autorretrato.

Bicicleta, restaurant y autorretrato. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Recuerdo que las primeras bicicletas con las que me relacioné en mi vida estaban impresas en las cartas (naipes) con las que la familia jugaba poker (siempre haciendo trampa): un par de ángeles regordetes montados en bici atravesaban un campo con sus alas extendidas (¿por qué no las plegaban para reducir la resistencia del aire?) y con las manos sobre un manubrio que parecía no tener palancas de frenos (supongo que los ángeles no las necesitan). Por cierto, los países con más bicicletas per capita son: 1) Holanda (con el 99.1% de bicis respecto a su población total); 2) Dinamarca (80.1%); 3) Alemania (75.8%); 4) Suecia (63.7%); 5) Noruega (60.7%); 6) Finlandia (60.4%); 7) Japón (56.9%); 8) Suiza (48.8%); 9) Bélgica (48%); y 10) China (37.2%, aunque en términos absolutos tiene el mayor número de bicicletas en el mundo).

Tricicleta.

Tricicleta un tanto inútil. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Bicicleta complicada y sin asiento.

Octocicleta complicada y sin asiento. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Las bicicletas han sido motivo de relatos y novelas, así como de objetos de fotografía. Siempre me impresionó mucho aquella foto en blanco y negro tomada en 1932 por Henri Cartier-Bresson. Se titulaba simplemente “Hyères, Francia”. Cartier se posicionó en la parte superior de una escalera de piedra con pasamanos de metal (seguramente a la entrada de una casa) y esperó a que algo sucediera. El resultado sigue siendo hoy motivo de numerosos análisis de composición: un ciclista un tanto borroso cruza la escena de derecha a izquierda, describiendo una curva en perfecta armonía con las líneas de la escalera y la calle. Esta extraordinaria foto se puede admirar en la siguiente liga:

http://pro.magnumphotos.com/C.aspx?VP3=SearchResult&VBID=2K1HZO6QQX0QSR&SMLS=1&RW=1280&RH=711

Bicicletas frente a Santo Spirito, Florencia, Italia. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Nel blu dipinto di blu.

© Arturo Guillaumin T. / 2016.

Escaparates, aparadores y vitrinas

La palabra “escaparate” proviene del neerlandés schaprade, que significa armario. Lo mismo se utiliza para designar un espacio en las fachadas de las tiendas, con cristal por la parte exterior, donde se exponen las mercancías. También se le conoce como “aparador”, que originalmente significa armario ancho de mediana altura, en el que se guarda todo lo necesario para el servicio de la mesa en el comedor. De igual forma se utiliza la palabra “vitrina”: mueble cerrado y acristalado que se usa para exponer artículos frágiles o valiosos, como suele hacerse en los museos, por ejemplo. Escribo todo esto no como breviario cultural sino porque no tenía idea de cómo comenzar esta entrada sobre escaparates, aparadores y vitrinas.

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Exhibición de la moda. Palacio Pitti, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016

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Exhibición de instrumentos antiguos: violas da gamba. Palacio Pitti, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

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Exhibición de la moda. Palacio Pitti, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Vestido con alas, en el Pitti.

Vestido con alas, en el Pitti. © Arturo Guillaumin / 2016.

En los viajes uno se encuentra con aparadores que bien merecen una fotografía. Ya sea por los objetos individuales que se exponen, por la composición que ofrecen en conjunto o por el contexto que los rodea. No se diga en los museos en los que se despliega el arte de la curaduría, esa interesante actividad que incluye la investigación, selección, disposición espacial y exhibición de piezas de una colección. El escaparatismo (no confundir con escapismo, hoy un deporte de moda entre los políticos), por su parte, es una disciplina que se dedica al diseño de escaparates, mediante la combinación de los objetos expuestos, los materiales y la decoración. Todo para incitar el deseo del observador.

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Aparador en la noche. Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Dulces de mazapán.

Dulces de mazapán. © Arturo Guillaumin / 2016.

Aparador con reflejos enigmáticos.

Aparador con reflejos enigmáticos y chica al lado. Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Exhibición de porcelana en el Palacio Pitti.

Museo de la Porcelana, Jardínes Boboli, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

A veces la fotografía “ayuda” a ver los objetos con más detenimiento, con más tiempo del que le dedicamos a las cosas cuando las tomamos con una cámara. Nos permite descubrir detalles en los que no habíamos reparado antes, como en el grupo de esculturas miniatura de arriba. Fue en el momento de procesar la foto cuando pude percibir mejor las cualidades de la obra: los delicados pliegues de la ropa, las facciones de las caras, el ramillete de flores, las vasijas…  Como  las cosas que se exhiben en los escaparates más atractivos están fuera de mi rango de compra (o no se venden), me conformo con una foto. Ese es el caso de la bellísima medusa de cristal de abajo, elaborada en la isla de Murano. Esto me recuerda los escaparates del Barrio Rojo de Amsterdam… pero esa es otra historia: no me dejaron tomar fotografías.

Medusa de cristal, en Venecia.

Medusa de cristal de Murano, en Venecia. © Arturo Guillaumin / 2016.

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Mirada fría y enigmática. Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Estudio en rojo.

Estudio en rojo. © Arturo Guillaumin / 2016.

El científico y divulgador catalán Jorge Wasenberg dice que sabemos mucho del mundo físico, pero poco de las emociones sensoriales. En un divertido ensayo asevera que nuestros cinco sentidos dan para 325 combinaciones de emociones sensoriales. Agrega que ha encontrado una experiencia donde se combinan los cinco sentidos a la vez: el disfrute de un buen vino (¡tenía que ser!): se mira, se huele, se acaricia, se escucha y sobre todo se degusta. En el otro extremo, afirma, se encuentra el caso de la vitrina donde la percepción se reduce a la unidad: ver. No se puede tocar, oler, escuchar ni saborear. ¿Será? Yo tengo ya algunas dudas sobre esto último.

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Piazza dei Miracoli, desde el Baptisterio. Pisa. © Arturo Guillaumin / 2016.

¿Bailar con Beethoven?

Hace muchos años, el tío Jaime me regaló (¿nos regalo?.. . ¿incluyó al resto de la familia?) las nueve sinfonías de Beethoven, dirigidas por Herbert von Karajan. El año de grabación, si no mal recuerdo, fue 1966. Las escuchaba una y otra vez,   hasta que el surco llegó al otro lado de los discos de vinilo. Una de mis favoritas era la número siete: alegre, saltarina (concepto musical muy profundo), con extraordinarios cambios de ritmo y estados de ánimo. Había partes del tercer movimiento que parecían invitar a bailar una tarantella. Era prácticamente imposible escucharlo sin mover los pies.

Y ahora me encuentro con una composición que parece confirmar mis intuiciones de aquellos años: Apotheosis of the Dance. Es una obra escrita en 2012 por el compositor sueco Mats Larsson Gothe. El título obedece a una frase de Richard Wagner para describir la Séptima de Beethoven, por la gran variedad de ritmos de danza desplegados en sus movimientos. Lo curioso de Apotheosis es que Larsson toma compases completos de la séptima para metamorfosearlos y darles nuevas e inesperadas sonoridades mediante ingeniosos cambios en la orquestación, en los acordes (disonancias, por ejemplo) y énfasis en el ritmo. El resultado es una manera interesante de hace honor a la genial obra de Beethoven. ¿Qué tal si la escuchamos… y vemos? Den click a la liga de abajo.

Apotheosis of the Dance

La obra del compositor sueco Mats Larsson Gothe es interpretada por la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo, bajo la dirección de Alain Altinoglu. Dura aproximadamente 11 minutos.

Mats Larsson Gothe.

Mats Larsson Gothe. © Mats Larsson Gothe. Tomada de su página en Internet (sin fines comerciales).

Ai Weiwei

Hace apenas un par de meses no sabía nada acerca de Ai Weiwei. Poco antes de salir de viaje a La Toscana, me topé con un artículo en un periódico en Internet donde se hablaba de algunas de sus obras recientes. Lo googleé (del verbo googlear) y encontré una gran cantidad de información, incluyendo su blog personal (aiweiwei.com) y numerosas reseñas de sus exposiciones e instalaciones por todo el mundo. Leí con mucho interés acerca de su vida y de su obra: se me reveló un personaje fascinante artística, cultural y políticamente. Veinticuatro horas antes de partir, recibí un boletín informativo del Palacio Strozzi (www.palazzostrozzi.org), de Florencia, al que me acababa de suscribir y, ¡oh sorpresa!: en unos días se iba a inaugurar allí una exposición retrospectiva de su obra. ¿Una alineación cósmica?

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Estructura metálica con forma de ala de ave. Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Hicimos escala en Amsterdam. Allí debíamos esperar un par de horas en el aeropuerto de Schipol, antes de seguir a Florencia. Estábamos en la sala de salida esperando a que llamaran a abordar. Fue cuando volteé a la izquierda (la información acerca de la dirección hacia donde giré la cabeza es absolutamente irrelevante, pero pienso que da cierto dramatismo al relato) y vi una figura conocida: ¡era el mismísimo Ai Weiwei! Estaba vestido con jeans, camiseta verde, chaqueta azul y zapatos tenis. Se veía concentrado, chateando en su teléfono celular. Se lo dije a Tere, y ella, sin dudarlo, salió disparada a preguntarle si en verdad era Ai Weiwei o se trataba de una alucinación aeroportuaria (son frecuentes en las salas de espera). Charlamos brevemente con él y pudimos constatar que, a pesar de toda la fama que lleva encima, se trata de una persona afable, sencilla y conversadora.

Ai Weiwei en el Mercato Centrale, de Florencia.

Ai Weiwei en el Mercato Centrale, de Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Cartel de Ai Weiwei en la Galería Uffizi.

Cartel de Ai Weiwei en el patio de la Galería Uffizi. © Arturo Guillaumin / 2016.

Ai Weiwei nació en Beijing el 28 de agosto de 1957. Es un artista plástico, arquitecto, diseñador, activista y crítico tenaz del gobierno de su país, bloguero, experto en antigüedades y gran jugador de blackjack. Las autoridades chinas, quienes han tratado de silenciarlo inútilmente, lo han acusado de bígamo, evasor de impuestos, distribuidor de pornografía y plagiario, entre otros cargos. Es hijo del poeta chino Ai Qing (1910-1996), quien fue candidato del Premio Nobel de Literatura y amigo de Pablo Neruda. Por sus ideas revolucionarias, Qing fue exiliado en 1958 por el gobierno chino a Manchuria (el equivalente chino de Siberia), donde vivió con su familia durante 16 años. Weiwei heredó de su padre su espíritu crítico y disidente, sin duda, y ha encontrado en el arte una forma más de protestar contra las injusticias en su país: la corrupción de la policía, la falta de libertad de expresión, la tortura, el trabajo forzado, los arrestos domiciliarios ilegales (como los que ha sufrido, incluyendo el último que duró cinco años), y la pena de muerte.

Ave de papel. Exposición Libero.

Ave-pez de papel. Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Cangrejos (hie xie) de porcelana. Exposición Libero.

Cangrejos (hie xie) de porcelana. Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Instalación con bicicletas (símbolo de libertad), Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Instalación con bicicletas (símbolo de libertad), Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Su Estudio de la Perspectiva consiste en una serie de fotografías que, a manera de selfies, Ai ha tomado a lo largo del tiempo, a partir de 1995 con una foto tomada en la Plaza de Tiananmen. Todas tienen en común que siempre aparece el brazo izquierdo del artista, levantando el dedo medio de la mano haciendo la seña que todos conocemos (giving the finger) a los lugares más icónicos del planeta, como la Casa Blanca, el Vaticano, el Museo del Louvre (frente a La Gioconda), la Torre Eiffel, la Plaza de San Marcos… Se produce una sensación curiosa cuando uno está frente a estas fotografías. La primera es de risa, lo cual pude constatar entre la gente que estaba a mi alrededor. Pero en una segunda mirada se advierte un poderoso acto de protesta detrás del gesto, un rechazo al poder de la cultura y la política. Con esta idea en mente, me estoy animando a comenzar mi propia serie. La lista de lugares se antoja infinita: la Cámara de Diputados, la de Senadores, la SEP, el Museo Soumaya, Los Pinos, Monsanto, zoológicos (no confundir con las Cámaras antes mencionadas)…

Estudio de la Perspectiva, exposición Liber, Florencia.

Estudio de la Perspectiva, exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Estudio de la Perspectiva, exposición Libero, Florencia.

Estudio de la Perspectiva, exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Ai Weiwei es actualmente uno de los artistas contemporáneos más prominentes de China que desafía al poder mediante su arte y sus enconados (y a veces divertidos) actos de protesta. Quizá haya sido más conocido mundialmente por su diseño del “Nido de pájaros” del Estadio Nacional de Pekín, construido para los Juego Olímpicos de 2008, en colaboración con los arquitectos suizos Herzog y de Meuron. Como botón de muestra de la “simpatía” que se ha ganado en los círculos del poder chino, en 2011, su recién construido estudio en la ciudad de Shanghai fue completamente arrasado por las autoridades locales con bulldozers, mientras sufría un arresto domiciliario más para impedir que estuviera presente. Curiosamente, las mismas autoridades de Shanghai le habían propuesto que construyera su estudio en un lugar que le habían designado especialmente para tal propósito.

Gran serpiente hecha con portafolios de diferentes tamaños.

Gran serpiente hecha con portafolios de diferentes tamaños. Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Detalle de la serpiente. Exposición Libero, Florencia.

Detalle de la serpiente. Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Campo de piezas metálicas. Exposición Libero, Florencia.

Campo de piezas metálicas. Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

El arte siempre gana. Cualquier cosa puede pasarme a mí, pero el arte permanecerá

– Ai Weiwei

Escultura con sillas, exposición Libero, Florencia.

Escultura con sillas, exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

Ai en su estudio de Berlín, acompañado por uno de sus gatos.

Ai en su estudio de Berlín, acompañado por uno de sus gatos. © Palazzo Strozzi / Ai Weiwei / 2016.

Ai transforma en arte la destrucción de una urna Han con más de 2000 mil años de antigüedad.

Ai transforma en arte la destrucción de una urna Han, con más de 2000 años de antigüedad. Exposición Libero, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2006.

Encuentro.

Encuentro en Schipol. © Arturo Guillaumin / 2016.

Cuatro estaciones, no de Vivaldi, sino de radio

Una de las maravillas de Internet es la radio. Uno puede encontrar estaciones de todos los países, sabores y colores. Muchas de ellas tienen un sonido excepcional (en estos casos conviene escucharlas con unos audífonos). Pongo a la consideración de los lectores cuatro estaciones de cuatro países nórdicos: Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca (no he incursionado en las estaciones de la otra mitad de los territorios). No sólo podrán disfrutar de la música de compositores conocidos como Grieg, Larsson, Sibelius o Nielsen, sino de cientos más (algunos con nombres impronunciables… para mí). Estas estaciones también incluyen canales con música de jazz, con una gran variedad de tendencias. Échenles un oído.

En caso de que, como yo, no entiendan noruego, sueco, finés y danés, dénle click a todo lo clickable que vean en estas páginas. No va a explotar nada y sí van a encontrar muchas sorpresas, como videos, entrevistas en inglés y otros tipos de música (aparte de clásica y jazz). Quizá encuentren divertido escuchar las noticias en estos idiomas, tratando de adivinar de qué tratan. Por momentos breves, en algunas de estas estaciones, me ha parecido escuchar japonés. ¿Son lenguas tonales? Vayan ustedes a saber.

NOTA: Es muy buena idea tener a la mano papel y lápiz para anotar el nombre del compositor y/o de la pieza desconocida que nos gusta. Después es cuestión de entrar a una tienda de discos (como Amazon) para conseguir más información y, si se quiere, hacer la compra correspondiente. Nota de la NOTA: no tengo comisión de la tienda mencionada.

Cuadros de una Exposición

Estaba escuchando una de mis canciones favoritas de los Beatles: I want you (She’s so heavy). Si la recuerdan, al final hay una serie de arpegios descendentes in crescendo que se acompañan con el sonido de un sintetizador Moog que reproduce ruido blanco. El efecto es impresionante (si el aparato de música tiene el volumen adecuado). Hay un momento en el que se siente que algo se nos viene encima y nos va a aplastar. Como una gran carreta. Sí, como Bydlo, la gran carreta polaca de dos ruedas representada en uno de los cuadros de la célebre obra para piano de Modesto Mussorgsky (1839-1881) Cuadros de una Exposición. Creo que de no haber sido por la (genial) orquestación de Maurice Ravel (1875-1937) de esta obra, jamás la hubiera escuchado. Recuerdo que fue una de las primeras obras sinfónicas que escuché “en vivo”.

Modesto Mussorgsky.

Modesto Mussorgsky.

La obra está formada por un ciclo de piezas para piano que Mussorgsky compuso en 1874 como homenaje póstumo a su gran amigo Viktor Hartman, arquitecto y artista. Se trata de la representación sonora de 10 cuadros de la exposición que se llevó a cabo en la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo y que contenía más de 400 obras del artista. Los cuadros representados son: Gnomos, Il vecchio castello, Tuileries, Bydlo, Ballet de polluelos en sus cáscaras, Samuel Goldenberg y Schmule, El mercado de Limoges, La cabaña sobre patas de gallina y La Gran Puerta de Kiev. Para darle unidad a toda la obra, Mussorgsky incluyó la repetición, entre cuadro y cuadro, de un tema que nombró Promenade (paseo), que simula el recorrido del espectador por toda la exposición.

Facsímil del dibujo de Hartman de la casa con patas de gallina (de la bruja Baba Yaga).

Facsímil del dibujo de Hartman de La casa con patas de gallina (de la bruja Baba Yaga).

Dibujo Ballet de polluelos en sus cascarones, de Hartman.

Dibujo Ballet de polluelos en sus cascarones, de Hartman.

La Gran Puerta de Kiev, dibujo de Hartman.

La Gran Puerta de Kiev, dibujo de Hartman.

Cuadros de una exposición de Mussorgsky, con la orquestación de Ravel, es quizá una de las obras favoritas  en el repertorio de las orquestas sinfónicas del mundo. Al menos eso es lo que me imagino. Encontré en la página de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo una versión muy buena de esta obra… y además en alta definición y con una excelente dirección de cámaras. Pongo la liga correspondiente aquí abajo para que disfruten de esta pieza. Abran la imagen para que cubra toda la pantalla. Pónganse sus audífonos y suban el volumen. Dirige Ken Nagano.

http://www.gso.se/en/gsoplay/video/musorgskij-pictures-at-an-exhibition/

En verdad, ¿no encuentran similitud alguna entre I want you y Bydlo, de Cuadros de una exposición?

En busca de un título

Ayer decidí poner un poco de orden en los cientos (¿miles?) de fotografías que tengo dispersas en innumerables carpetas de mi computadora. Lo que creí que sería una actividad relativamente sencilla, aunque tardada, pronto se reveló (y rebeló) como algo complejo y que requería de mucho cuidado y atención. Para este noble propósito compré un disco duro externo de un terabyte. A él voy a trasladar todos los archivos debidamente clasificados por tema: paisaje, arquitectura, museos, parientes desconocidos, animales que acaban de romper el jarrón (categoría sugerida por Jorge Luis Borges), etc.

Un pintor y su modelo, en Montmarte.

Pintor y su modelo, Place du Tertre, Montmarte. © Arturo Guillaumin 2012.

Vestíbulo de la FLV

Vestíbulo con inversión, Fundación Louis Vuitton. © Arturo Guillaumin 2015.

Le Corbusier x 4

Le Corbusier x 4, Centro Pompidou   © Arturo Guillaumin 2015.

El primer problema que encontré fue decidir cuáles fotos conservar y cuáles eliminar. No es una tarea sencilla porque uno mismo actúa como juez y parte. Tan pronto como encontraba una sólida razón para dar de baja una imagen, hallaba un argumento igual de firme en sentido opuesto: se verá muy bien si la pongo de cabeza; puede mejorar con algún tipo de edición extrema; la tía Clotilde no es tan fea después de todo; lo repugnante no existe, sólo hay objetos de estética alternativa… Cabe decir que con este científico método no he eliminado ninguna fotografía hasta el momento.

Escalera, Petit Palais

Quiebre inesperado en la escalera de caracol, Petit Palais. © Arturo Guillaumin 2015.

Notre Dame reflejada

Notre Dame reflejada, Isla de La Cité.    © Arturo Guillaumin / 2015.

11 botellas de cerveza.

11 botellas de cerveza (aunque sean 12), en una de las ventanas del estudio. © Arturo Guillaumin 2016.

De las primeras carpetas escogí un grupo de fotografías que creí que podría compartir con mis tres lectores. No estaba muy seguro acerca del titulo de esta entrada, debido a que los motivos de las imágenes es algo variada. Comencé con “Ensayos fotográficos y argumentaciones aristotélicas a propósito de la cuidadosa observación de algunas obras de arte”. Además de lo excesivamente largo y pedante del primer intento, no todas las fotos tienen como objeto una obra de arte. Debo haber consumido un par de horas escribiendo diversos nombres en una hoja de papel. Aún no logro entender cómo en algún momento llegué a considerar el título de “Dos secretarias en apuros en Tailandia”.

Poster en un pasillo del metro.

Póster en un pasillo del metro, estación Les Halles. © Arturo Guillaumin 2015.

Niño en Patín

Niño en Patín, Jardínes del Palacio Real, París. © Arturo Guillaumin 2015.

Trato de convencerme de que cada fotografía contiene algún tipo de cualidad estética que resulte interesante como para atraer la atención de todos. A veces aparece la imagen tal como la percibí cuando apreté el disparador de la cámara. En otras ocasiones, las imágenes han sido manipuladas (invertidas, reflejadas, caleidoscopizadas, vejadas, transmogrificadas -¡uff!- o fractalizadas) incluso al grado de metamorfosearse el objeto original (como sucede en Le Corbusier x 4). Los resultados me parecen interesantes y muchas veces me han ayudado a percibir cosas que antes no percibía: la fotografía sirve para ver. Al igual que la escritura.

Banca en la estación Concorde.

Banca en la estación Concorde. © Arturo Guillaumin 2013.

Pasillo vertical y horizontal.

Pasillo vertical y horizontal, Jardínes del Palacio Real. © Arturo Guillaumin 2015.

Según mis cuidadosos cálculos, la mitad de las fotografías son resultado del azar y la espontaneidad, y la otra mitad de la búsqueda calculada de la composición (que puede incluir un tripié y una exposición de larga duración). En un arrebato de simplificación (flojera), pensé en dejar sólo dos categorías en mi disco duro: “Calculadas” y “No calculadas”. Dentro de esta última categoría estaría la foto del pintor. ¿Quién no puede verse atraído por la escena de Pintor y su modelo? Lo primero que me atrajo fue la mirada de la bella joven. Pero también hay que ver la postura del pintor, como calculando el siguiente trazo del pincel. La única transformación de la foto fue virarla a sepia. Sin pensarlo, tomé la foto antes de que desapareciera esa efímera escena.

Le Corbusier en el Pompidou, Centro Pompidou. © Arturo Guillaumin 2013.

Puente del Milenio y Catedral de San Paul al fondo, Londres.

Puente del Milenio y Catedral de San Paul al fondo, Londres. © Arturo Guillaumin 2015.

En esta última fotografía sucedió algo interesante. Me atrajo la perspectiva del puente, con su elegante diseño, que se dirige directo a la Catedral de San Paul (de este lado del Támesis se encuentra la conocida galería The Tate Modern, antes una estación hidroeléctrica). Lo que descubrí cuando revisé la foto es que las siete personas que pasaban por ahí no se ven muy “naturales”, sino como si yo les hubiera pedido que posaran para la foto.  Bueno, ideas mías. Ya estaba considerando las categorías de “Fingidas” y “Naturales”.

Escribir a mano

No estoy en contra de escribir en la computadora. Creo que hoy es una herramienta tan poderosa como necesaria. Pero la escritura a mano es, para decirlo con claridad, irreemplazable. El teclado no vino a sustituir la pluma y el lápiz, aunque parece que mucha gente así lo cree: es la nueva alfabetización. Desde hace tiempo escribo mucho a mano por diversas razones que me parecen lo suficientemente valiosas e interesantes como para tratar de convencer a los jóvenes de que lo hagan. Y ese es uno de los objetivos que persigo cuando imparto clases en la universidad. Invariablemente surge la pregunta: “¿Por qué escribir a mano cuando podemos escribir más rápido en la computadora?” Bueno, para escribir rápido en la computadora, primero hay que tener algo (inteligente) que escribir. Segundo, ¿por qué escribir rápido?, ¿a dónde queremos llegar con tanta prisa?

Aros.

— Aros. © Arturo Guillaumin / 2016.

Huella

Huella. Arturo Guillaumin / 2016

Cuando escribimos a mano no estamos comprometidos con la velocidad. La mano imparte un tempo más pausado que nos permite repensar nuestros pensamientos y las palabras que estamos a punto de escribir, así sea por un par de segundos. Escribir a mano es como caminar hacia alguna parte, en lugar de ir corriendo en un auto. Podemos ver el paisaje y detenernos momentáneamente. Sopesamos nuestros pasos y tenemos sentido de dirección, como dice Julia Cameron. En cambio, cuando nos detenemos frente a la pantalla, sentimos la urgencia de la velocidad, y que se alargan los segundos y se acortan las ideas. Nuestra escritura a mano con frecuencia viene acompañada de trazos, figuras, esbozos de esquemas, realizados al ritmo de las ideas que nos surgen en el momento y que pueden esfumarse si no les prestamos la atención debida. Nos referimos al garabateo que es un recurso valioso de la creatividad (scribble, en inglés).

5 plumas fuente.— 5 plumas fuente. © Arturo Guillaumin / 2016.

En un artículo publicado en el New York Times del 27 de junio de 2016, el Dr. Perry Klass escribe que hoy existe una tendencia a menospreciar la escritura a mano como una habilidad poco importante a pesar de que “los investigadores han advertido que aprender a escribir así podría ser la clave para eso justamente: aprender a escribir”. Esta afirmación resulta más interesante cuando descubrimos que la escritura no sólo sirve para comunicar lo que ya sabemos (o creemos saber), sino, principalmente, para construir conocimientos. Es decir, la escritura tiene una función cognitiva. O como urge la investigadora argentina Paula Carlino, debemos sacar partido de su función epistémica. Por otra parte, la investigadora norteamericana Laura Dinehart afirma que es necesario realizar más investigación sobre la escritura a mano para ayudar a que los niños desarrollen habilidades que necesitan para emprender tareas complejas. Además, se ha comprobado que la escritura a mano aumenta la activación cerebral como respuesta no sólo a una necesidad motora, sino a la puesta en acción de diversas habilidades que conforman la inteligencia.

3 plumas fuente. © Arturo Guillaumin / 2016.

El Dr. Klass dice que “la escritura a mano, sin importar la belleza del trazo, es una manera de apropiarse del lenguaje escrito de manera profunda”. Desde un plano más subjetivo, Cameron nos dice que la letra a mano parece sellar un compromiso más profundo con las palabras: ser honesto y no mentir. Si seguimos a nuestra mano, que guía y va detrás de nuestros pensamientos al mismo tiempo, esa mano apuntará hacia un sendero que nos lleve a través de las complejidades de la creación escrita. Por supuesto llegará el momento en que nuestras páginas escritas a mano tengan que ser “transcritas” a nuestro procesador de palabras. No obstante, lo peor que podemos hacer es, precisamente, transcribirlas. Es mejor aprovechar esta última pasada para evaluar de nuevo nuestras palabras e ideas y así dar “una vuelta de tuerca más” a nuestros textos.

The road not taken.

The road not taken. © Arturo Guillaumin / 2016.